Organigrama parroquial

LA PARROQUIA CUENTA CON APROXIMADAMENTE 8.000 FIELES

Está servida por un párroco:

Juan Antonio Paredes

I. Diaconías parroquiales:

SERVICIO DE LA PALABRA

- Catequesis de iniciación cristiana: Gloria Bernal

- Catequesis prebautismales: Victor y Paula O'Callaghan

- Catequesis Prematrimoniales: Juan de Dios Sánchez y Beatriz

- Catequesis postbautismales: Luis Espila y Ceci Gómez

- Catequesis de adultos: Juan Antonio Paredes

- Responsables de la página WEB: Rafael Domínguez y Antonio Casas

SERVICIO DE LA CARIDAD

- Cáritas parroquial: Juan Galeote

- Pastoral de la salud: Marisol López Ayuso

- Visita de enfermos: Ana Sánchez

SERVICIO DE LA CELEBRACIÓN DE LA FE

- Equipo de Liturgia y Coro parroquial: José Luis Ortiz y Susi San Juan

- Jueves Eucarísticos y sacerdotales: Rafi Núñez

- Celebración de bodas y bautizos: Juan Antonio Paredes

- Decoración: Reme Saborido

ORGANISMOS PARROQUIALES

- Consejo de Pastoral: Secretario general Rafael Domínguez

- Consejo de Economía: lo preside el párroco

- Escuela de catequistas: Gloria Bernal

- Equipo de pastoral familiar: Cristóbal Valadez

- Mantenimiento: Antonio Callejón

II. Actividades parroquiales ordinarias

- Catequesis de iniciación cristiana: miércoles y jueves (H. 17,30-19,00 de la tarde) y sábados (H.11-13).

- Escuela de catequistas: Viernes (H.17,30-19)

- Formación del Equipo de Liturgia: Viernes (H. 17,30-18,00)

- Formación Pastoral de la Salud: Sábados (H. 17,00-18,00)

- Catequesis Prebautismales. El jueves anterior a primer sábado de mes (H. 20,30-22,00)

- Despacho Parroquial: miércoles, jueves, viernes y sábado (H. 17,30-19,00)

- Confesiones: diariamente, media hora antes de cada misa.

 

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    Evangelio del día

    Domingo, 23 de noviembre. Mt 25, 31-46. Jesucristo es nuestra plenitud y nuestra meta

    Dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.  Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme.”  Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?  ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.” Entonces dirán también éstos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?” Y él entonces les responderá: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.” E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»

     

    Comentario

    Hoy termina el año de los cristianos. Veréis que el sacerdote cambia el color verde de la casulla por vestiduras blancas, expresión de gozo. Pues celebramos la fiesta de Jesucristo Rey del Universo. Con este título queremos significar que Él, el Hijo unigénito de Dios, es también el hombre perfecto, alguien que “de tan humano como es, sólo puede ser divino”. Mediante la encarnación en el seno de María, se unió en cierto modo a todo hombre.

    Y enseña el evangelio de la misa de hoy que todo lo que hacemos y dejamos de hacer por el hombre, lo estamos haciendo y dejando de hacer por Dios. La plenitud de la fe consiste en saber que Dios nos ama, en darle gracias por ello como hacemos en la misa, en cantar sus alabanzas y en cumplir sus mandamientos. Mandamientos, que se reducen al amor a Dios y al hombre. Un amor afectivo, porque alegra el corazón; y efectivo, que se traduce en trabajar apasionadamente por la justicia y en practicar la misericordia.

    Hay personas que, por motivos diversos, no han encontrado la fe a pesar de su buena voluntad y de su búsqueda honesta. A ellas les dice el evangelio de hoy que, si no encuentran a Dios, la sinceridad de su actitud se notará en que trabajan por el hombre; luchan para que nadie pase hambre, para que nuestros mayores disfruten de pensiones dignas y cuenten con todos los cuidados y el cariño necesario; para que los trabajadores tengan un contrato estable y un salario justo; para que disminuyan y desaparezcan los accidentes laborales; para que cesen los malos tratos domésticos. Pues como resume San Juan de la Cruz, a la tarde de la vida, Dios nos examinará del amor.

    Y es que nuestro compromiso por el hombre y nuestro amor afectivo y efectivo a los demás son el criterio que permite juzgar la hondura de nuestra fe. Hay personas que, bajo el pretexto de que no tienen fe, huyen de Dios para ocultar sus fechorías. Porque no dudan en explotar a los trabajadores y traicionar al amigo por un puñado de euros. Más que ateas, son inmorales. También las hay que presumen de creyentes y luego no tienen corazón ni practican la justicia. A todas ellas les dice Jesucristo, en el evangelio de hoy, que son una maldición para este mundo. Mientras que dice a los otros: ¡Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis, era inmigrante y me acogisteis en casa! Pues todo cuanto habéis hecho por un hombre que necesitaba ayuda, lo habéis hecho por mí, incluso sin saberlo. ¡Habéis sido una verdadera bendición y sois benditos de Dios!

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